10 octubre 2012

PORTARSE BIEN: Primeros consejos


PARA MODIFICAR EL COMPORTAMIENTO DE UN NIÑO
Los niños perfectos o los padres perfectos no existen como tales, y hasta ahora no ha habido padres que no dudaran, al menos ocasionalmente, sobre sus propias capacidades como padres y madres. 
Los niños no se comportan siempre como sus padres quisieran, y cuando los padres no logran cambiar los hábitos de sus hijos, se frustran, se confunden y se muestran inseguros.
Aunque nosotros fuéramos la generación de padres y profesores mejor educada e informada de la historia no tendríamos todas las respuestas.
Los conceptos que aquí se presentan facilitarán la comprensión y aplicación de soluciones. Hay que recordar que no se debe esperar demasiado pronto sino que se deben fijar metas según la edad, personalidad, habilidades, sexo y desarrollo del niño.
Los niños no pasan todos por las mismas etapas a las mismas edades, ni son igualmente maleables, y puesto que cada padre es el que mejor conoce a su hijo, debe fiarse de sus propios juicios y de su instinto.

PASOS A SEGUIR:

1.- DEFINIR EL PROBLEMA

Antes de hacer cambios hay que saber qué es lo que se desea cambiar. No sirve de nada etiquetar a un niño como irritante, salvaje, tozudo o rebelde, ya que dichas etiquetas son generalidades y no se puede cambiar algo tan poco definido. 
Además, no se trata de cambiar a todo el niño, sino solamente su conducta o actitud. Es importante ser específico. No hay que dejarse llevar por los sentimientos. Debemos ser capaces de definir y aislar el problema

- ¿Qué es exactamente lo que el niño hace o no hace repetidas veces y que nos disgusta? 
- ¿Qué es exactamente lo que quisiera que hiciera más o menos a menudo?
  • Centrarse sobre lo que hace el niño que a nosotros nos saca de quicio. 
  • Desglosar la conducta en varias parcelas.
  • Tomar una hoja de papel y dividirla verticalmente por la mitad. 
  • Escribir en la parte superior de una mitad: Menos veces y de la otra mitad: Más a menudo. 
  • En la primera columna hacer una lista de comportamientos o hábitos específicos que quisiera que el niño hiciera menos; en la segunda columna, escribir el reverso o paralelo de estas conductas, (las que se pretenden conseguir más a menudo). Cada punto debe tener su paralelo. 
 
2.- ENFOCAR LOS PROBLEMAS UNO POR UNO

Una vez se haya decidido exactamente qué comportamientos del niño se desea cambiar, puede surgir la tentación de abordar todos los problemas presentados a la vez. Hay que resistir este impulso y centrarse en cada problema, uno por uno, resolviendo uno antes de pasar al siguiente.
(Al hacer la selección, puede que se elija un comportamiento difícil o uno que sea muy preocupante. Esto está bien, aunque a veces es conveniente empezar por un problema menos significativo que pueda resolverse con rapidez para que todo el mundo comience con una sensación de éxito.)
En las semanas o meses que siguen, a medida que se va avanzando en la lista, es posible que haya una tendencia al cambio de prioridades. Surgen nuevos problemas y otros desaparecen o parecen menos importantes. Cada cambio causará un efecto sobre la conducta general del niño en un sentido positivo. Cada cambio supone un paso más para conseguir un niño más cooperador. Debe procederse paso a paso.

3.- SER MODESTOS

Rara vez se soluciona el problema de un niño de la noche a la mañana. Los cambios, tanto en los niños como en los adultos tienden a producirse lentamente y por etapas. 
Si un niño que antes se negaba a practicar el piano empieza a tocar diez minutos al día, debemos alegrarnos y demostrarlo. Se ha logrado un progreso real. El niño se sentirá bien consigo mismo y esto le animará a trabajar más tiempo. 
Es mucho más productivo que ambos estemos encantados con pequeños signos de progreso a que nos desilusionemos cuando no se cumplan expectativas demasiado exigentes. 

4.- SER CONSECUENTE Y CONSTANTE

Conseguir el éxito final en el cambio de la conducta de un niño requiere ser consecuente y constante
Pensar lo que se dice, decir lo que se piensa, y asegurarse de que todos digan lo mismo.(Importancia de la relación entre la familia y la escuela)

Siempre se debe tratar de aplicar una solución con constancia para que sea eficaz. Unos padres inconstantes no imponen autoridad y sus hijos no respetan sus peticiones porque saben que no necesitan hacerlo. 
(Si lloran o gritan o se resisten el tiempo suficiente, se saldrán con la suya.)
 Una vez tome usted una decisión sobre cómo tratar un problema, no debemos fluctuar ni rendirnos (dentro de lo razonable, claro está).
Para ayudarnos a ser constantes, puede resultar conveniente medir y apuntar los cambios. Muchas veces los cambios son menos evidentes de lo que se espera, pero ahí están. Al notar un progreso, será más fácil continuar lo que se esté haciendo.


5.- SER POSITIVO

Tratemos de ver la conducta general del niño desde una perspectiva positiva. No todo lo que hace el niño nos resulta desagradable, sólo algunos comportamientos irritan y nos frustran. 
Mientras tanto, debemos asegurarnos de que el niño sabe que le queremos y que le apreciamos, y recordar siempre manifestarle cuándo se está comportando correctamente
Con un comentario positivo se consigue mucho más que con cualquier crítica. No despreciemos nunca la efectividad de los elogios, especialmente en los niños. Los pequeños, sea cual sea su edad o etapa, quieren desesperadamente la aprobación de sus padres.

6.- HACER SABER AL NIÑO LO QUE SE ESPERA DE ÉL

Después de seleccionar el comportamiento que se desea cambiar y elegir una estrategia o solución entre las que se ofrecen, se debe encontrar un momento tranquilo para explicarle al niño lo que va a ocurrir. 
Hay que mantener siempre una actitud positiva. Simplemente se le está explicando un nuevo acontecimiento.
Es útil describirle el objetivo en palabras sencillas, que el niño pueda comprender fácilmente, concentrándose en las cosas concretas. 
Diciéndole exactamente lo que va a hacer y lo que se espera de él, (hablarle de lo que se quiere que haga más o menos a menudo.)
No se le debe revelar toda la estrategia sino comunicarle de una manera amistosa, cariñosa y sin amenazas cuál es el objetivo hacia el que se pretende avanzar.

FUENTE: "PORTARSE BIEN"
Garber, Stephen, (aut.)
Ediciones Medici, S.A.


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